Y esto apenas comienza...
Hoy sigo trabajando desde casa, creando cada pedido personalmente y soñando con todo lo que todavía puede llegar.
Sueño con tener mi propio taller.
Con formar un equipo.
Con que algún día mi familia, que hoy está en Venezuela, pueda estar cerca y formar parte de este proyecto.
Y quizás, algún día, abrir las puertas de una pastelería RossCakes: un lugar donde puedan venir, elegir un postre, sentarse, tomar un rico café y disfrutar de algo preparado con el mismo cariño con el que comenzó toda esta historia.
No sé exactamente hasta dónde llegará RossCakes.
Pero sí sé de dónde viene.
De una adolescente que amaba preparar postres.
De una torta improvisada.
De una familia que creyó en mí.
De un esposo que muchas veces simplemente me dijo:
“Inténtalo.”
Y de muchísimas ganas de crear algo especial con mis propias manos.
Hoy miro todo lo recorrido con gratitud y miro hacia adelante con muchísima ilusión.
Porque todavía quedan técnicas por aprender, ideas por crear, sueños por cumplir y muchísimas celebraciones de las que espero que RossCakes pueda formar parte.
Esta historia todavía se está escribiendo. 🍒